El capítulo se centra en la convulsa década posterior al ciclo de protesta protagonizado por el 15M. Ese ciclo sacudió con fuerza el campo de los movimientos sociales, creando nuevos actores y fortaleciendo otros ya existentes. Tras años de intensa movilización en la calle, el final del ciclo coincidió con el surgimiento de nuevas formaciones políticas, de alguna manera asociadas con el movimiento de protesta, y que supusieron un importante cambio institucional, rompiendo el bipartidismo imperante durante décadas y alcanzando cotas de poder en diferentes niveles, desde los llamados “ayuntamientos por el cambio” hasta la participación en la coalición de gobierno a nivel nacional. El ciclo del 15M también tuvo consecuencias no deseadas, entre ellas, la aprobación de una nueva ley de seguridad ciudadana y un nuevo código penal (las llamadas “leyes mordaza”) que ampliaron el abanico de conductas punibles en el contexto de la protesta, aumentando la severidad de las penas y reduciendo las garantías procesales. El capítulo analiza las implicaciones de estos y otros desarrollos en el terreno de la contienda política, en un contexto marcado por otros cambios importantes asociados, por ejemplo, al desarrollo de la economía de plataformas y la pandemia del COVID-19.